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Las máquinas en
servicio
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El diámetro de las ruedas motrices, de 1.560 mm, era similar al de las 400 de Norte, al de las 4000 compound, y al de las 2-4-0 Mastodonte de tres cilindros en alta, lo que le hacía una máquina de servicio mixto. Diámetro que sería mucho después el de las Mikado Renfe. Eran superiores a la 400, máquina excelente pero limitada, y construida con pequeñas modificaciones, como ligero aumento de la presión de timbre, bomba de alimentación y distribución por válvulas, de 1909 a 1943. Ninguna máquina en España fue construida durante un periodo de tiempo tan largo. En ello influyó su sencillo mantenimiento, economía de construcción y, en la postguerra, el desastroso estado del material, que obligó a una rápida construcción, dentro de las posibilidades limitadas de la industria nacional, aún siendo un tipo muy rebasado. A comienzos de los años 20, la 400 estaba superada. Se defendía bien en trenes de mercancías, pero su velocidad era insuficiente para viajeros, pues aunque su máxima era 90 km/h, sólo la alcanzaba alguna vez en pruebas, pero a más de 60 km/h iba forzada. Era apta, eso sí, para dobles tracciones a trenes de viajeros en rampa. Las nuevas 4500, sin ser máquinas planteadas para velocidad, eran muy superiores en este aspecto a las 400. Su potencia era 1.805 CV frente a los 1.373 CV de las 400, y el esfuerzo de tracción de 11.573 kg. Según lo establecido debían remolcar un tren de 300 t en rampa de 15 milésimas a 40 km/h. Las Mikados, desde sus comienzos, fueron asignadas a todo tipo de trenes: mercancías, rápidos, expresos y correos en línea donde no se exigían velocidades altas, por ejemplo en el difícil perfil de Madrid a Segovia, trayecto en el que fueron probadas remolcando en duras rampas, especialmente de Villalba a Otero-Herreros con curvas pronunciadas unidas a la pendiente, remolcando 250 t a casi 40 km/h. Según ha escrito el reconocido historiador del ferrocarril Fernando Fernández Sanz, el duque de Zaragoza, José Mencós y Rebolledo, que sería ingeniero jefe de tracción de Norte, emitió irónicamente un juicio adverso sobre sus condiciones de marcha: “No son americanas, se quedan en chalecos”. El duque de Zaragoza fue destacada figura de la tracción en Norte y en los primeros años de Renfe. Entusiasta de las máquinas compound, de su regularidad de marcha, su estabilidad y prestaciones, las Mikado le parecieron más rudas, peores corredoras y de mayor consumo. Frente al argumento de su mayor complejidad y alto coste de mantenimietno, esgrimía las prestaciones de las compound frente a la simple expansió, y que el ahorro económico en el consumo era superior a los costes de conservación. Una 1-4-1, 4500 de simple expansión era inferior en condiciones de marcha a una 2-4-0, 4000, o a una 2-3-1, 3000, ambas de cuatro cilindros. El duque mantendría una excelente relación con Andrés Chapelón al que admiraba profundamente y gracias a ese contacto fue posible terminada la Guerra Civil, la transformación y semichapelonización de la Montaña 4048, dando origen a la subserie 4068-4094 Renfe. A pesar de la similitud de cargas era evidente que con un mercancías se defendía mejor la Mikado que las compound. Según la opinión de maquinistas en trayectos tan dispares como el de Valencia-Castellón-Tarragona, o Monforte de Lemos-Lugo-A Coruña, o Vigo-Pontevedra-La Coruña ya en tiempos de Renfe, las máquinas tenían buena aceleración, se defendían bien en rampas, y a velocidades de 70-80 km/h hacían correctamente las marchas establecidas. Pese los años transcurridos desde su puesta en servicio, el asiento para que el maquinista pudiese efectuar la conducción siguió siendo elemento único en la tracción vapor. 1965 y 1966 se retiraron del servicio, quedando una la 1-4-1.2002 destinada al Museo Nacional del Ferrocarril apartada en Majarabique, Sevilla. |
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